Tal vez había sido eso. Quizás, la sangre la había empujado. O tal vez una estrella, una confabulación en la trama de los astros. A menudo se preguntaba por qué mérito había sido escogida. Pero la respuesta tardaba en llegar, si llegaba en lo absoluto.A veces, era la paciencia de una viuda. A veces, el orgullo de un rey. En ocasiones más oscuras, su disposición a aceptar la carga más pesada. Por días incontables, todo lo que sacaba en limpio era la cara socarrona del silencio y el horror de aquel día en el que finalmente perdería a sus hijos.
A la mañana siguiente renunció a su dolor y se levantó temprano, decidida a hacer de aquél un día memorable. Bajó las escaleras a pies descalzos, como una niña que de pronto ha descubierto la llegada de un verano prometido. Los niños la oyeron cantar en el primer piso, mientras, uno a uno, los ventanales cerrados se rendían a la pálida luz que el cielo derramaba sobre los llanos.
Iluminada, la casa recobraba algo de su antigua gloria. Sólo en ese entonces te dabas cuenta que allí, acaso en otro tiempo, había vivido una familia feliz salida de un cuento de hadas. Los muebles eran de factura exquisita, con grabados y formas que te hacían pensar en algo más que humano, pero estaban cubiertos de polvo y apestaban a encierro.
El pequeño Frenamod fue el primero en aparecer. En sus ojos estaba encapsulado el cielo del crepúsculo polar. Era blanco de rostro y cuerpo sin duda por herencia materna. Llevaba puesto un viejo camisón de dormir lleno de remedos, que le llegaba hasta más abajo de las rodillas. En el pecho, con un lápiz de carbón, él le había dibujado algo para que pareciera menos femenino.
A su lado apareció Cynamara, temerosa y escurridiza, escondida tras su hermano. Su cabello caía hasta el suelo en suaves ondas color castaño. Era la viva imagen de lo que su madre había sido. Olfateaba todo a su alrededor como una cría de lobo, inquieta y deseosa del nuevo mundo que se abría a su alrededor.
-¡Buenos días, niños! —dijo a ambos la madre, reprimiendo un súbito deseo de tomarlos a ambos y desaparecer.
-¡Buenos días, madre! —respondieron ellos, a coro, al tiempo que se arrojaban a abrazarle las piernas. Ella les acarició la cabeza con ternura.
-¿Tienen hambre? —les preguntó, con renovado entusiasmo, al tiempo que una voz martillaba en su cabeza, terrible, ominosa, e insistente. Jamás habría otra mañana como aquella.
Mientras más leo de Frenamod y Cynamara, ¡más me gustan!
Creo que son personajes entrañables, completamente coherentes, y enmarcados en un tipo de narrativa que es propiamente tuyo. No sabría como definirlo —aún— pero creo que tiene profundas raíces en tus “temas” como Escritor, por lo que se sienten reales y con una preocupación estético/ética que va más allá de la simple “creación”; ambos dos me resuenan como profundamente “reales” y significativos en sí-mismos.
Creo que todos los fragmentos que nos has mostrado hasta ahora hablan de lo mismo; hay algo acerca de esta pareja que me dice que su historia debe ser contada, ojalá ahora mismo, que sus caracteres han vuelto a ti y que puedes hablar por ellos con tus escritos.
Saludos cordiales,
F.
Qué fragmento más ominoso. El contraste entre estas extrañas sensaciones de la madre y la inocencia de los pequeños que acuden a su lado dejan una impresión vaga de lo que podría suceder, si bien no parece ser nada favorable; al menos así lo sentí yo.
Creo que todo ese efecto se logra a través de la atmósfera que construyes a partir de los pensamientos de la madre y la posterior descripción del hogar de la familia. Están bien elaborados para la brevedad del fragmento.
Ahora bien, por el comentario de Felipe, seguramente en las entradas anteriores y que no leí debes haberte ya referido a estos personajes y por eso mis apreciaciones son tan en el aire. Pero eso quizá también sea útil, porque me permite centrarme en un solo episodio y a ti te permite ver los comentarios que este fragmento específico suscita.
Comparto lo que señala Felipe, en cuanto a que este tipo de personajes son muy característicos de tu narrativa. Me queda claro despues de haber leído EDdE y ECdH. Me gusta. Me recuerdan a esas clásicas ilustraciones de Arthur Rackham, quien, además, habría hecho maravillosas ilustraciones con tus historias.
Sigue en el camino, y trata de enfocarte en esto, mira que, tal como señalabas anoche en el debate, tanto en aficción como en twitter, en Chile estamos al debe con este tipo de literatura. Espero que no pase mucho tiempo para verte presentando este libro. Te mando todos mis ánimos para que puedas terminar el borrador
Saludos!